La crisis social, económica y sanitaria que vive el mundo, ha empeorado la situación de la juventud, que desde antes atravesaba por muchas adversidades.
La pandemia del COVID-19 ha incrementado el desempleo juvenil y reducido los ingresos de quienes aún permanecen activos en el mundo laboral.
“Más de uno de cada seis jóvenes ha dejado de trabajar desde el comienzo de la pandemia de la COVID-19 , mientras que quienes siguen empleados han visto reducir sus horas de trabajo en un 23 por ciento”.
Así lo establece un estudio publicado esta semana por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El triple impacto de la pandemia en los jóvenes
El Observatorio de la OIT: La COVID-19 y el mundo del trabajo. 4a edición , enumera tres formas principales en que la pandemia impacta a la población juvenil a nivel mundial:
- Destruye sus empleos
- Afecta su educación y formación.
- y coloca grandes obstáculos en el camino de quienes buscan entrar en el mundo del trabajo o de cambiar empleo.
Las mujeres son las más afectadas

El observatorio explica que, si bien las mujeres jóvenes representan menos del 39 por ciento del empleo juvenil a escala mundial, constituyen casi el 51 por ciento del empleo juvenil en los servicios de hotelería y alimentación, el 41,7 por ciento en el comercio al por mayor o al por menor, y el 43,8 por ciento en otros tipos de servicios, en particular en el sector inmobiliario.
“A raíz del cierre generalizado de centros educativos y la falta de servicios asequibles de atención infantil, la doble carga que conlleva tener un trabajo remunerado y otro no remunerado es cada vez mayor para las mujeres jóvenes, en particular las que tienen hijos de corta edad” destaca el informe.
Mientras, la proporción de mujeres jóvenes «nini» rebasa el 31 por ciento, frente al 13,9 por ciento en el caso de los hombres, y afecta casi al 40 por ciento en los países de ingresos medianos bajos.
Situación de la juventud antes del COVID-19
En 2019, la tasa de desempleo juvenil de 13,6 por ciento era ya más alta que la de cualquier otro grupo poblacional, según la OIT.
Había alrededor de 267 millones de jóvenes – o uno de cada cinco a nivel mundial – que no trabajaban, ni seguían una educación o formación profesional (nini).
Los jóvenes de entre 15 y 24 años que estaban empleados tenían además mayores probabilidades de estar en formas de trabajo que los hacía más vulnerables, como ocupaciones mal remuneradas, en la economía informal, o como trabajadores migrantes.
“El Observatorio pide respuestas políticas urgentes, concretas y a gran escala dirigidas a apoyar a los jóvenes, incluidos programas amplios de garantía de empleo/formación en los países desarrollados, programas intensivos en empleo y garantías en las economías de ingresos medios y bajos”.







































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