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UNICEF alerta que el 54.9 % de los niños en República Dominicana sufre disciplina violenta

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Contraloría

La violencia contra las niñas puede comenzar con prácticas cotidianas como los jalones de cabello, los castigos y las restricciones de libertad, advierte UNICEF en el marco del Día Internacional de la Niña.

SANTO DOMINGO, República Dominicana.– Más de la mitad de los niños y niñas de entre 1 y 14 años en República Dominicana ha experimentado algún método violento de disciplina, una realidad que vuelve a poner en evidencia los desafíos que enfrenta el país para garantizar una infancia libre de violencia.

El 54.9 % de los menores de ese grupo de edad ha sufrido castigos físicos o agresiones psicológicas, mientras que la proporción aumenta al 61.4 % entre los niños y niñas de 3 a 4 años, según los datos de la ENHOGAR-MICS 2025 citados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

En el marco del Día Internacional de la Niña, que se conmemora cada 11 de octubre, el organismo llamó la atención sobre prácticas que pueden parecer habituales en la crianza, pero que, cuando se imponen mediante la fuerza, el miedo o la humillación, pueden convertirse en formas de violencia y limitar la autonomía de las niñas.

Una rutina de peinado que terminó en violencia

La historia de María Almonte, nombre ficticio utilizado para proteger su identidad, refleja cómo una actividad cotidiana puede transformarse en una experiencia dolorosa para una niña.

Tenía apenas seis años cuando, durante una sesión de peinado, su madre le dio un fuerte jalón de cabello y, molesta porque no permanecía quieta, le pegó una tenaza en la cabeza.

“Mi mami siempre me partía el pelo con un peine y después cogía una tenaza para aplacarlo. Un día me dio un jalón tan grande que doblé la cara. Como se molestó porque no me estaba quieta, me pegó la tenaza en la cabeza y eso me dolió mucho más”, relató María, quien actualmente tiene 13 años, según el testimonio recogido por UNICEF.

La experiencia le dejó dolor, vergüenza y tristeza. Su caso forma parte de una problemática que, de acuerdo con el organismo, merece mayor atención: la normalización de conductas violentas bajo la apariencia de cuidado, disciplina o protección.

El cabello afro también puede convertirse en motivo de presión

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En República Dominicana, los prejuicios relacionados con el cabello afro y rizado pueden influir en la manera en que algunas niñas aprenden a relacionarse con su cuerpo y su identidad.

UNICEF señala que el problema no radica en alisar el cabello, elegir un peinado o utilizar determinados productos, sino en imponer esas decisiones mediante jalones, golpes, insultos o presión psicológica.

Una madre entrevistada en Haina reconoció el sufrimiento que experimentaba su hija durante estas prácticas.

“Yo le daba jalones, yo me incomodaba. La peinaba con rabia. Ella sufría mucho, que hasta el sol de hoy recuerda los golpes”, contó.

Además del dolor físico, la manipulación brusca del cabello puede provocar quiebre, tensión y daños en el cuero cabelludo. Estas experiencias también pueden afectar el bienestar emocional de las niñas y su relación con su apariencia.

El organismo plantea que promover cuidados respetuosos con la textura natural del cabello puede contribuir a fortalecer la autoestima y la identidad de las menores.

Las tareas domésticas y las restricciones también pueden limitar su autonomía

La violencia y la desigualdad de género no se manifiestan únicamente a través de golpes o castigos. También pueden aparecer en las expectativas que las familias y la sociedad imponen a las niñas desde edades tempranas.

Una de estas expresiones es la distribución desigual de las responsabilidades domésticas. Enseñar a los menores a colaborar en el hogar es una práctica positiva, pero la desigualdad surge cuando actividades como cocinar, limpiar, fregar o cuidar a los hermanos menores recaen principalmente sobre las niñas.

Cuando estas obligaciones reducen el tiempo que pueden dedicar a estudiar, jugar y desarrollar sus intereses, o se convierten en motivo de castigo mientras sus hermanos varones están exentos, la colaboración deja de ser equitativa.

UNICEF también advierte sobre las restricciones a la movilidad que se justifican como mecanismos de protección. Aunque garantizar la seguridad de las niñas es fundamental, el organismo sostiene que protegerlas debe implicar crear espacios seguros y ampliar sus oportunidades, no limitar injustificadamente su libertad.

UNICEF advierte sobre las consecuencias de las normas de género

El análisis de UNICEF sobre los determinantes de la disciplina violenta en el país señala que las expectativas de género pueden generar formas diferenciadas de corrección, especialmente en aspectos relacionados con la apariencia, la movilidad y la autonomía.

Estas normas comienzan a instalarse durante la infancia y pueden influir posteriormente en las oportunidades educativas, sociales y personales de las adolescentes.

El organismo también advierte que las normas restrictivas de género están relacionadas con mayores riesgos, entre ellos las uniones tempranas y el embarazo adolescente. En contextos de violencia y con pocas alternativas, las posibilidades de las niñas de decidir sobre su propio futuro pueden verse reducidas.

Carlos Carrera, representante de UNICEF en República Dominicana, afirmó que las menores tienen derecho a crecer sin violencia ni estereotipos que condicionen su apariencia, sus decisiones o sus aspiraciones.

“Invertir en las niñas significa invertir en su capacidad para decidir sobre sus vidas, permanecer en la escuela, desarrollar sus talentos y construir su propio proyecto”, expresó Carrera.

La autonomía de las niñas comienza en la infancia

Para UNICEF, prevenir la violencia requiere la participación de las familias, las comunidades, los medios de comunicación y las instituciones públicas, así como políticas y servicios de protección que garanticen los derechos de la niñez.

El organismo insiste en que la autonomía no comienza al cumplir los 18 años, sino que se construye desde los primeros años de vida, cuando las niñas pueden expresarse sin miedo, participar en igualdad de condiciones en el hogar, desarrollar sus capacidades y sentirse seguras de su cuerpo y su identidad.

La historia de María recuerda que algunas experiencias dolorosas pueden quedar marcadas durante años y que prevenir la violencia también exige cuestionar las prácticas de crianza que, por repetirse durante generaciones, terminan considerándose normales.

“Las niñas tienen derecho a crecer sabiendo que su cuerpo merece respeto, que su voz importa, que su valor no depende de lo establecido como belleza y que, en esencia, sus capacidades y su futuro son ilimitados”, concluyó Carrera.

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