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La cruda realidad de los trabajadores suspendidos

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Muchas familias dominicanas están en aprietos debido a la cantidad de trabajadores suspendidos, en momentos en que el país atraviesa por una de sus peores crisis causada por la pandemia del COVID-19.

Carmelo Arias, un joven de 33 años y padre de dos niñas (de uno y tres años), está pasado por uno de sus peores momentos en términos financieros.

Lleva tres meses sin trabajar debido a que el restaurant donde labora se vio obligado a suspender a sus colaboradores por el impacto negativo del coronavirus en el sector.

Cuando creía que todo volvería a la normalidad, fue notificado por su empleador de otro mes de suspensión, un duro golpe para la familia.

Explicó que el único ingreso que tiene el hogar en este momento es del programa FASE, ya que su esposa lleva varios años desempleada.

“Lo de FASE da para muy poco. Lo que el Gobierno paga está por debajo de los gastos que tenemos, son unos 8,000 pesos mensuales y sólo de alquiler pagamos 9,000 pesos, eso sin incluir el pago de los servicios de luz, agua, cable y demás”, detalló.

Sin embargo, dijo que su situación ha sido menos traumática gracias a la solidaridad de sus familiares, pero que de mantenerse la suspensión no sabe cómo van a subsistir.

Situación insostenible

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Un panorama similar está viviendo Cristina, madre también de dos niñas incluyendo una con condición especial.

“Desde que nos suspendieron la situación ha sido insostenible, porque no recibimos nuestros sueldos y lo que da el FASE (RD$ 5,000.00 en este caso) no nos alcanza para nada”.

El ingreso que está percibiendo equivale apenas al 16% de su salario y aunque su esposo continúa trabajando, los gastos del hogar superan por mucho lo que devengan.

“Tenemos una hija con autismo a la que debemos continuar dándole terapia y que debido a la situación que estamos viviendo ella no la está recibiendo, y eso representa un atraso para nosotros”.

Explicó que han tenido que reajustar y minimizar los gastos. La pareja está atrasada con el pago del alquiler de la vivienda, ha tenido que comprar a crédito en el colmado y tienen prestamos en entidades financieras.

“Para nosotros ha sido sumamente difícil. Tenemos un desbalance total”.

Dijo que su empresa también extendió la suspensión por otro mes, situación que complica más su panorama.

“Eso es lo que las empresas no comprenden, que uno está malpasando”.

 

 

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